Mar picado
Una brisa -casi desconocida, olvidada, nueva, ha penetrado
la oscura caverna inscrita en el interior de mi euforia.
Una brisa casi azul, casi naranja, casi luz de medio día
ha penetrado la espesura de silencios contaminados de falso ruido
que habitan los pliegues que me conforman.
Algún lugar poco identificable de mi ser
emite un crujido parco y alentado.
Este es su idioma.
Con quebrantos en sus articulaciones te agradece, profundamente,
las calmas palabras que has utilizado para responder
la dura pregunta formulada.
Me dedicas un GRACIAS entre (paréntesis),
y sin saberlo, has sembrado tranquilidad en el campo de mis reacciones.
No es tan difícil adivinar -pequeña hoja en blanco,
que el rojizo temperamento de este que te escribe
volcaniza los bordes de su labios
cuando la musa -luz que Yoalí es en si misma,
espera revelaciones y mascaras rodando por el suelo.
No es tan difícil adivinar -pequeña hoja y tierna hoja de árbol,
que la vulnerabilidad que en mí provocas
hace arribo a las costas de la tierra y en el tiempo del rey Ocozias.
Gracias por tus palabras suaves.
Intensifican la claridad de tu persona.
