Hevelius
Me conmueve tu vaivén, tu silencio involuntario.
Eres el mar. El antiguo mar.
Adahi, ese es el nombre de algunas olas,
de algunos cirros, y tuyo, altísima encarnación.
Observo tus orillas, tus corrientes.
Posa el viento su fuerza sobre tu superficie,
ayer lo mire despeinarte un segundo.
Ojala mis brazos sean viento también,
ojala se pose mi fuerza sobre tu delicadeza,
ojala poses tu fuerza sobre mi superficie.
Adahi, profunda y demorada.
Naciste a destiempo. Tú eras contemporánea de Helena,
de Diana, de Bune.
Pero estas aquí para demostrar frente a mis cotidianos ojos
ese tipo de belleza que excede mis distancias
y se vuelve lejana, como la Camelopardalis.
